Especial
Viaje a Los Santos, la zona cafetalera de Costa Rica que resiste a la caída del dólar:“¡Aquí vamos a morircon las botas puestas!”
El café costarricense registró la cosecha más baja de los últimos 55 años y es un reflejo de las dificultades que enfrenta en las últimas décadas. Ahora, la devaluación del dólar amenaza con poner en jaque a la industria icónica de Costa Rica, que ya venía golpeada. En DIVERGENTES viajamos a la zona cafetalera más importante del país, donde el grano rojo es algo más que lo que sostiene la economía.
TextoJulián Navarrete
FotosMiguel Andrés
AudiovisualesAlicia Henríquez
21 min de lectura
En lo alto de esta finca se tiene la sensación de caminar encima de las nubes. Es una parcela empinada y fría desde donde se ve un puñado de nubarrones grises que cubren La Concepción de Tarrazú, al sur de la capital costarricense. Casi a diario, en este cerro cae una brisa que rocía hasta en la cara. Lo que brota de estas parcelas húmedas, a 1400 metros de altura, es uno de los mejores granos de café del mundo.
Raúl Blanco, de 28 años, camina por sus cultivos. Con sus manos toca las matas que aún tienen frutos verdes. Tiene contadas cada una de las plantas de café de sus dos fincas de 59 y 9 hectáreas. Y se sabe el número exacto que debe invertir y cuántos frutos tiene que arrancar para que sea productiva. “Si una mata no me está dando colones, se tiene que ver qué está pasando”, dice Raúl, en la entrada de su finca, ubicada en Tarrazú, en una zona conocida como Los Santos.

Esta mañana de junio, Raúl viste con un suéter celeste debajo de una camisa estilo polo, un bluyín, una gorra, y calza unas botas de hule para internarse en la tierra rojiza. Dice que el problema es que aquí los productores siguen trabajando como hace 40 años: pocos llevan registros, solo algunos sacan costos y son todavía menos los que saben exactamente cuánto les cuesta producir sus hectáreas. “Cuando ya no pueden pagar las deudas, no les queda otra opción que vender las fincas”, dice Raúl.
El café también cambió con los años. Producirlo ya no es solo sembrar, abonar y recoger, como hace décadas. El cambio climático trajo consigo plagas más destructivas y difíciles de eliminar, y esto aumentó los costos para mantener el grano a salvo. Pero, sobre todo, el cambio más importante del café ocurrió hace más de 30 años con la liberación al mercado global: pasó de ser una industria agrícola manejada por los políticos de los países productores, a convertirse en una de las materias primas (commodities) más especulativas del mundo.
Los caficultores costarricenses –y de todo el mundo– se han ido acostumbrando a este nuevo modelo. Sin embargo, en los últimos tres años, una tormenta los tiene al borde: el dólar se ha devaluado en un 30% frente al colón. Como los productores de café – y de cualquier producto de exportación– venden en dólares en el mercado internacional, cada vez reciben menos colones en el mercado local para pagar los costos de producción. Las matemáticas no son tan difíciles de sacar: el negocio empieza a ser ruinoso.
En el camino, claro, han caído los más débiles. Hace unos 30 años había unos 50 000 productores en todo el país; esta cifra bajó a casi la mitad hasta hace cuatro años, cuando se contabilizaban cerca de 30 000. Actualmente existen 24 653, pero se prevé que a partir de la próxima cosecha, abandonen la actividad otros 3000 más, es decir, más del 10% de los productores desaparecerían de un solo tajo.
24 653
productores de café quedan en Costa Rica
-3000
En la próxima cosecha
Según estudios del Instituto del Café de Costa Rica (Icafé) –la entidad pública creada por una ley especial de 1933 para regular, investigar, promover y ahora también financiar la industria del café–, la industria ha dejado de generar empleo para 8000 personas, y si la tendencia continúa, se podrán perder 15 000 más.
Los números ya reflejan la agudización de la crisis: la cosecha 2025-2026 es la más baja que se ha registrado en los últimos 55 años. Según datos oficiales, los caficultores entregaron 1 591 979 sacos de café de 46 kilos.
1 591 979
sacos de 46 kilos entregaron los caficultores
La cosecha 2025-2026 es la más baja de los últimos 55 años.
Raúl Blanco ha visto cómo varios amigos y conocidos vendieron sus fincas. Lotes que ahora han sido reconvertidos en pequeñas cabañas para ecoturismo en toda la zona de Los Santos.
Pregunta: ¿Cómo van a salir de esto?
Respuesta: Con el precio internacional no hay nada qué hacer, no los podemos fijar… y con el dólar, nos tienen quebrados, pareciera como que el Gobierno quiere desaparecer al sector agropecuario. Nos tenemos que enfocar en producir más café.

En Tarrazú llueve y Raúl –delgado, tez blanca, barba cerrada– me explica que para sacar más café tiene que hacer nuevos sembradíos, probar variedades de semilla más resistente y reducir los costos de mano de obra. Saca su celular para enseñarme cómo fumiga todas las plantaciones con drones.
Lo empezó a probar hace tres años debido a que el control de plagas, ya se dijo, es de lo más costoso para producir café: se necesita pagarle a personas para que echen los químicos. Al fumigar con drones, el aparato sustituye la mano de obra y los costos se reducen. “Los drones han ayudado a reducir los costos en mano de obra, que es lo más caro, y también evita que las personas tengan tanta cercanía y exposición con los agroquímicos”, dice.
Raúl dice que todas estas tierras que vemos alrededor han sido renovadas con semillas en los últimos seis años. Vuelve a tocar las hojas verdes, la mayoría ya ha botado la flor. Aún faltan algunos meses para que el grano cambie a un tono rojo sangre, la señal que está listo para arrancarse.

Los Santos es un territorio de 843 kilómetros cuadrados y es llamado así porque los tres cantones que lo integran, faltaba más, tienen nombres de santos: San Pablo de León Cortés, San Marcos de Tarrazú y Santa María de Dota. Se encuentra entre las montañas heladas del sureste de San José, la capital de Costa Rica. Pero, sobre todo, esta zona es conocida por ser el territorio cafetero más importante del país: garantiza casi la mitad de la producción nacional y saca una de las tazas más apreciadas a nivel internacional.
En Los Santos no existen zonas francas o parques industriales. Hay quienes siembran aguacates, manzanas, ciruela, granadilla y mora de castilla, pero ningún otro cultivo genera divisas como el café. En la cosecha 2024-2025 participaron 8990 productores que cultivaron en más de 28 mil hectáreas. Se calcula que un 90% del Producto Interno Bruto (PIB) de esta zona proviene directamente de la cadena de valor de la caficultura.

“Aquí tenemos más de 100 años de producir café: ha sido el motor de la economía.”Fernando Naranjo, productor y presidente del Icafé
En Los Santos, los productores se presentan diciendo el número de la generación familiar caficultora. Raúl Blanco, por ejemplo, dice que es de la octava, mientras que Fernando Naranjo, 60 años, asegura que pertenece a la cuarta.
Fernando dice que a los ocho años su padre le puso una canasta en las manos para recoger café. No hubo más palabras: solo le enseñó los frutos rojos que nacían entre el follaje. “Aprendí que el café no se le explica a nadie: se vive”, dice.
Entre los cultivos de su finca, Fernando muestra las diferentes variedades de café (ibérica, arábica, híbrida) que nacen en estas laderas con tierra rojiza, entre amarilla y naranja, que es prueba de que los suelos son fértiles para cultivar café. “Guardan la humedad justa”, dice Fernando.
Las fincas en la zona de Los Santos se ubican entre los 1200 y 2000 metros sobre el nivel del mar, con una temperatura promedio anual de 19 grados centígrados. La altura y la baja temperatura hacen que la cereza madure más lento, y esto permite que el grano desarrolle más complejidades, azúcares y perfiles más definidos. Fernando dice que es un sabor que los catadores lo reconocen como café costarricense desde el primer sorbo.
1200–2000 m
altura a la que se ubican las fincas de Los Santos
Con 19 °C de promedio anual, la cereza madura más lento: eso es lo que le da al grano más azúcares y perfiles definidos.

El clima de Los Santos tiene dos estaciones bien definidas: una época lluviosa de siete meses (mayo a noviembre) y otra seca (de diciembre a abril). La mayor parte de las plantaciones se encuentra bajo sombra. Por eso el café de esta zona suele ser más dulce, limpio, brillante y con un cuerpo claro. A veces, Tarrazú, por ejemplo, se utiliza casi como una etiqueta genérica que garantiza calidad en el café.
De hecho, desde febrero de 2019, el café producido en Los Santos recibió la certificación de Denominación de Origen, un aval que reconoce el origen y calidad del café. Este reconocimiento le da un valor agregado y es un sello que garantiza al consumidor final la autenticidad de la marca y exclusividad.
“Aquí el empleo es trabajar en la finca de café o ser empleado público, ser policía o maestro, trabajar en salud o en infraestructura”, dice Fernando Naranjo. “El café nos ha dado una vida digna”, añade.
En Los Santos es muy común escuchar que se gestó la Segunda República, es decir, el establecimiento del modelo democrático e institucional que rige en Costa Rica hasta en la actualidad. José Figueres Ferrer (Don Pepe), quien encabezó la revolución de 1948, reclutó a cientos de campesinos, caficultores, arrieros y hombres de campo de la zona. Fernando cuenta que los productores lo apoyaron pero con la condición de que esperara a la cogida de café. “Por eso la Revolución fue en marzo (inició el 12 de marzo), después de la cosecha de café”, dice Fernando.
Luego de la Revolución, en la región se fundaron cooperativas (Coopetarrazú y Coopedota y Coopesantos) que cuentan con los beneficios de café más grandes de Centroamérica y comercializan el grano a Estados Unidos, Noruega, Japón y Rusia. A la vez, proveen de infraestructura básica para mantener conectada y productiva a toda la región.
“El cooperativismo es el que tiene a esta región cómo está”, dice Fernando, mientras camina por sus cafetales que, en esta tarde lluviosa, despiden el olor de la floración: jazmín mezclado con tierra mojada.

El café se nutre de la altura, el clima y los suelos de esta zona, sin embargo, estas mismas condiciones dificultan la siembra de otros cultivos. No es tan fácil arrancar la siembra de café y tirar semilla para pasto y convertir todo esto en un potrero.
El frío congelaría y pudriría los cultivos de banano, plátano, yuca o cítricos. Las laderas con pendientes pronunciadas harían imposible que entraran tractores y maquinaria para cultivos de maíz, arroz, frijoles y cañas de azúcar a gran escala.
“Aquí no queda de otra que morir con las botas puestas.”
Los Santos sin café no serían Los Santos. A lo largo de este valle se puede ver cómo los cultivos se trepan alrededor de las montañas, y entre los cafetales destaca la represa Pirrís, la más alta de Costa Rica. Todo se ve con claridad, hasta que la neblina llega para cubrirlo y empañar el paisaje.
La caída del tipo de cambio del dólar frente al colón es el golpe más inmediato que sienten los productores de todo el país. En el caso particular del café, la situación se agudiza porque también hay un desplome de los precios internacionales en los que venden el grano.
En los últimos 3 años, el dólar pasó de valer 649,59 colones en 2021-2022 a 485,67 en 2025-2026. Los cafetaleros resistieron este embate porque los precios internacionales en los que venden el producto habían sido muy buenos: 304,44 dólares el quintal en la cosecha 2024-2025 y 339,94 en la de 2025-2026. El problema es que para la próxima cosecha 2026-2027 –que se recoge a partir de noviembre de este 2026– el precio del quintal podría rondar entre 230 y 275 dólares, según un análisis que realizó Marco Araya, de la Unidad de Estudios Económicos y Mercado de Icafé.
485,67 ₡
vale el dólar en la cosecha 2025-2026
Venía de 649,59 ₡ en 2021-2022: una caída del 30% en tres años, con los costos de producción pagados en colones.
“El problema no es la caída de los precios internacionales, porque son niveles normales de precios, pero esto nos toma en una situación del tipo de cambio a la baja”, dijo Araya, a La Nación en marzo.
Para entenderlo mejor: el productor necesita invertir en promedio 107 630 colones para una fanega (cada fanega son 20 cajuelas de café en fruta). Entonces, es lógico que necesite vender en un precio más alto esa fanega. Esto se llama precio de liquidación y se determina con base al tipo de cambio y el precio internacional del café, ambos a la baja en Costa Rica.

En la cosecha de 2021-2022, por ejemplo, cuando el tipo de cambio estaba alto (649,59 colones), ese precio de liquidación se ubicó en 132 445 colones por fanega y el costo de producción fue de 98 968 por fanega, por lo que sí hubo margen de ganancia. Sin embargo, para la cosecha de 2026-2027, el precio de liquidación se calcula en 91 677 colones, mientras que el costo de producción registra 107 630. En otras palabras, costará más producir que el dinero que se va a recibir cuando se venda el grano.
107 630 ₡
cuesta producir una fanega en la cosecha 2026-2027
El precio de liquidación se calcula en 91 677 ₡ por fanega: costará más producir que el dinero que se recibirá al vender el grano.
“Ahí es donde el proceso ya empieza a volverse ruinoso para la actividad”, dijo Gustavo Jiménez, director ejecutivo del Icafé.
Otra forma de dimensionar el impacto es de la siguiente manera: la última vez que se había registrado un tipo de cambio como el actual había sido hace más de 20 años. Sin embargo, por entonces el costo de producción por fanega era de 46 573 colones, mientras que ahora es de 107 63. De nuevo: los productores asumen costos de producción de más del doble de altos que hace décadas, pero con un tipo de cambio de esa misma época.
Producir café hoy deja menos margen que hace 20 años. Hace 20 años una fanega de café dejaba ganancias. Hoy, con mayores costos y menos producción, puede generar pérdidas. En 2006-2007 el ingreso por fanega fue ₡65 736 frente a un costo de ₡46 573, un margen de +₡19 163. En 2025-2026 el ingreso fue ₡91 677 y el costo ₡107 630, un resultado de −₡15 953. La producción nacional pasó de 3,5 millones de sacos a 1,5 millones. La superficie cafetalera varió −27%. El café representa el 0,1% del PIB de Costa Rica. Comparación por fanega y tipo de cambio entre ₡445 y ₡450 por dólar. Fuente: Icafe (márgenes, costos y producción); Icafe, INEC y MAG (superficie); BCCR (PIB).
Producir café hoy deja menos margen que hace 20 años
Hace 20 años una fanega de café dejaba ganancias. Hoy, con mayores costos y menos producción, puede generar pérdidas.
Cosecha
2006-2007
+₡19 163Margen positivo
Ingreso₡65 736
Costo₡46 573
2025-2026
−₡15 953Margen negativo
Ingreso₡91 677
Costo₡107 630
En dos décadas, el margen pasó de positivo a negativo.
Mientras el margen se reducía, también cambió la caficultura del país.
3,5 M → 1,5 M

La producción nacional cayó: pasó de 3,5 millones de sacos a 1,5 millones.
−27%

Hay menos tierra dedicada al café: la superficie cafetalera se redujo en 27%.
0,1%
El café pesa menos en la economía: hoy representa apenas 0,1% del PIB de Costa Rica.
Comparación por fanega y tipo de cambio entre ₡445 y ₡450 por dólar.
Fuente: Icafe (márgenes, costos y producción); Icafe, INEC y MAG (superficie); BCCR (PIB).
El Gobierno, por ahora, parece no estar dispuesto a ceder en este tema. En febrero de este año, el expresidente y actual ministro de Hacienda, Rodrigo Chaves, dijo sobre el tipo de cambio: “Acostúmbrese… esta economía, la disponibilidad de dólares, no es un tema coyuntural, es que estamos siendo cada vez más productivos. Por algo estamos entre las naciones de ingreso más alto del mundo”.
Los cafetaleros han buscado acercamientos con el Gobierno para hablar sobre este tema desde hace tres años. Se han reunido con autoridades del Banco Central de Costa Rica (BCCR), pero no han logrado mucho. Gustavo Jiménez, director del Icafé, insistió en que el sector necesita que se tomen medidas y que ya existen mecanismos previstos en la ley para equilibrar la situación macroeconómica.

En febrero de 2024, el exvicepresidente y actual diputado, Stephan Brunner, dijo que los empresarios locales tienen que reconsiderar si solo son rentables con un tipo de cambio alto. “Probablemente algunas empresas exportadoras, que solamente son rentables o viables debido a un tipo de cambio muy apreciado, van a tener que reconsiderar esa intención de exportar si ya, a este tipo de cambio, no fueran rentables”, dijo Brunner.
Las declaraciones irritaron a los exportadores y tocó especialmente a los cafetaleros de Los Santos, porque la recomendación ignora la realidad climática y geográfica del territorio. Durante este reportaje, siete productores consultados por DIVERGENTES aseguraron que no piden un tipo de cambio demasiado alto (de más de 600 por dólar), sino que se tomen medidas para tener cierto equilibrio.
En Los Santos es inevitable pensar que en la próxima cosecha habrá reducciones de áreas cultivadas, caídas en las exportaciones, menos ganancias y desempleo. En lo alto de una finca de Tarrazú el cielo se encapota: parece que pronto caerá un aguacero.
Manuel Montero no es productor de café pero quizá sea una de las personas que mejor conoce cómo funciona el mercado internacional de este producto en Los Santos. En el corredor delantero de su casa tiene una pizarra acrílica para explicar cada detalle que afecte el precio del café o el tipo de cambio del dólar.
El padre de Manuel no tenía tierras y alquilaba para producir. Manuel, como muchos, empezó recolectando y juntando café desde pequeñito, a los cinco años de edad, dice.
“Los que producían café en esta zona tenían buena casa, buen carro, televisores, y nosotros queríamos llegar a ser como ellos, salir de la pobreza”, dice Manuel.

En esa época no iba a salir de la pobreza, pero el trabajo en los cafetales le sirvió para comprarse sus primeros zapatos y los útiles para ir a la escuela. De adolescente emigró a San José y luego a Estados Unidos para trabajar lavando platos y después ascendió a cocinero. “Ahorré dinero para comprar tierra en Los Santos y empecé a sembrar café”, dice Manuel.
Durante los primeros años el negocio iba boyante: llegó a cosechar casi 1000 fanegas. También sembraba y distribuía manzana. Pero con la apertura del mercado del café, el negocio cambió para siempre.
“Llegó la globalización y los productos no me estaban dando rendimiento. El mercado abierto fue muy ingrato porque empezamos a competir a nivel internacional. Lo único que era rentable era mi trabajo en Estados Unidos y decidí vender mis tierras”, cuenta Manuel.
A mediados del siglo XX los países productores (como Colombia y Brasil,) y los consumidores (Estados Unidos) operaban el mercado del café bajo el Acuerdo Internacional del Café (ICA). Era un tratado que funcionaba como actualmente lo hace la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP): fijaban cuotas de exportación para mantener los precios estables y había control de oferta. Sin embargo, este pacto se rompió en julio de 1989 y el mercado se liberalizó por completo. El precio pasó a depender exclusivamente de la especulación de la oferta y la demanda.
Desde entonces, el café empezó a comportarse como un activo financiero volátil. Los productores quedaron desprotegidos y el precio dejó de reflejar el costo de producción.
A Manuel Montero le bastaron cinco años de malos precios para retirarse del negocio. “Yo estaba confundido y no sabía lo que estaba pasando”, dice Manuel, que empezó a estudiar Economía, a una edad avanzada, para resolver sus dudas: mercado macroeconómico (monetario, acciones, bonos, derivados, divisas y futuros) y los rendimientos de peso, volumen y tamaño que ahora anota en su pizarra.
Todo lo que Manuel estudió se resume en el giro radical de la industria: el poder ahora lo tenían las grandes corporaciones y fondos de inversión, cuando antes estaba en manos de los productores.
El café es la industria icónica de Costa Rica. Tiene más de 200 años desde su primera exportación y fue el motor de la economía entre mediados del siglo XIX y mediados del XX. En 1850 el café representaba el 90% de las exportaciones del país y estos ingresos pagaron las primeras carreteras, puertos y el ferrocarril del Atlántico.
Los impuestos financiaron obras icónicas como el Teatro Nacional de Costa Rica, las primeras universidades, hospitales y la red de alumbrado público de San José. De ahí que se nombrara como “el grano de oro” que se encuentra en el marco dorado del escudo nacional, precisamente porque para el país era tan valioso como el oro. Más que un producto, se convirtió en un símbolo nacional.

En las últimas décadas el peso del café en la economía disminuyó drásticamente. Desde la apertura del mercado a inicios de los 90, la producción pasó de 3,5 millones a 1,5 millones en la actualidad, una reducción de más de la mitad. Actualmente, las hectáreas de café son 27 % menos de lo que había hace más de 20 años y sólo representa el 0,1 % del PIB de Costa Rica.
0,1 %
del PIB de Costa Rica representa hoy el café
Desde la apertura del mercado en los 90, la producción cayó de 3,5 a 1,5 millones de fanegas y las hectáreas son 27% menos que hace 20 años.
El cambio del modelo económico también es visual: de la gran alfombra verde que cubrían los cafetales del Valle Central se pasó a los edificios de zonas francas, condominios y malls que hoy mueven la economía.
Yeinar eligió el café por encima del estudio. Desde pequeño le tocó encargarse de la finca de su papá en Los Santos: mientras otros niños hacían sus tareas del colegio, Yeinar revisaba los periódicos para saber el precio internacional del café. El grano rojo siempre ha sido prioritario para él; a los estudios llegó años después. Por eso, no se ve en otro lugar que no sea en sus cafetales.
“El futuro es incierto, pero tenemos que intentar ser rentable”, dice Yeinar. En el patio delantero de su casa tiene decenas de plantas, todas resistentes a la roya, el hongo más temido en esta zona.

Yeinar intenta–no le queda otra– ver la situación de la caficultura desde una mirada positiva. Sobre el cambio climático y las plagas, dice que están obligados a adelantarse a la enfermedad, porque es “mejor prevenir que curar”. Dice que la clave es renovar sus cultivos con variedades resistentes y probar técnicas de sombras, como lo hacían sus antepasados.
Pregunta: ¿Cómo valora la baja de los precios internacionales y el tipo de cambio?
Respuesta: El precio actual (240 dólares el quintal aproximadamente) no es malo, más un diferencial (el valor agregado que se paga por la especialidad del café de Costa Rica) de unos 30 dólares. Ese precio sería bueno con un tipo de cambio más favorable. Ahorita nos devolvimos al tipo de cambio que teníamos hace más de 20 años. Entonces eso nos afecta porque tendríamos más dinero disponible para invertirlo en fertilizantes que también han subido de precio.
La producción refleja las horas bajas que atraviesa la industria. Aunque el promedio nacional se cifra en 21 fanegas por hectáreas, la realidad del país es que el 85% de los productores tienen, en promedio, dos hectáreas y producen menos de cinco fanegas. Para sobrevivir como productores, ellos mismos trabajan, asisten y recogen el café. Cada vez hay menos dinero para pagar a los trabajadores.
85 %
de los productores tiene, en promedio, dos hectáreas
Y producen menos de cinco fanegas. Para sobrevivir, ellos mismos trabajan, asisten y recogen el café.

Los productores de Los Santos pronostican que el tipo de cambio sacará a más caficultores que los que salieron por la pandemia. “En la pandemia nadie abandonó los cafetales, ni ningún productor quitó empleados”, dijo Fernando Naranjo, presidente de Icafe. “Pero ahora sí: cuando no alcanza el dinero, hay que tomar decisiones, hay que reducir planillas”.
Según pronósticos de Icafe, entre 1500 y 3000 productores abandonaría el negocio. Esto significa que decenas de personas saldrán de estas montañas hacia, como mínimo, San José para buscar empleo.
El ciclo de la producción del café también es especial. No basta con sembrar y recoger meses después, como puede suceder con la papa o la papaya. Si se siembra desde semilla, una mata de café puede tardar entre tres y cuatro años en dar su primera cosecha significativa. Es un cultivo que requiere paciencia –limpiar malas hierbas, fertilizar, cuidar– para luego de unos años ver cómo se convierte en una fuente de ingresos estable, o más o menos.
Es de esa manera que Raúl Blanco mira sus siembras: como una propiedad o un fondo de inversión, si se pone sofisticado. Pero si se tienen números rojos en cada cosecha, no se puede invertir.
Pregunta: ¿Cuál es la solución?
Respuesta: Lo único que yo veo son préstamos para renovación (de cultivos), pero no los tres años de gracias que nos dan. Porque aquí, en la zona, con tres años, no se pone a una mata a coger café… Aquí son de cinco a seis años para que de verdad sea productiva.
Respuesta: El Icafe nos tiene matados por eso: ellos ponen una regla de que son tres años de gracia, al cuarto año empiezas a pagar, pero muchas veces, al cuarto año la mata no da ni siquiera para el pago, y ya tiene que que ir uno a buscar plata a otro lado para empezar a pagar, y ahí es donde nos endeudamos.
Es cómo ver que se acerca una enorme bola de nieve: las deudas provocan que los productores vendan parcelas de las fincas que cada vez producen menos. Entonces tienen que buscar préstamos, que se convierten en las deudas que provocan que los productores nuevamente vendan parcelas de sus fincas que producen menos. Y así, en un ciclo que acaba o inicia, según como se vea.

“El fin puede ser que los grandes productores se coman a los pequeños”, dice Raúl. Y en Los Santos, la mayoría son pequeños.
“El fin puede ser que los grandes productores se coman a los pequeños.”
Raúl arranca en su camioneta todoterreno, dejando atrás su nueva siembra. A ambos lados del camino los cafetales cubren las montañas hasta donde la vista alcanza. Raúl dice que todas las mañanas se levanta para que estas matas resistan el mal clima, las plagas, el dólar barato o Wall Street. Es lo que quieren todos por aquí. Es lo que le quita el sueño, algunas noches.









